He necesitado el espacio de unos meses para poder escribir estas líneas, digerirlas y publicarlas. Seguramente todos los que compartieron momentos de tu vida contigo requieren también ese día a día, paso a paso.
Éramos casi dos desconocidas cuando nos embarcamos en aquel viaje juntas, yo no paraba de hablar y tú me pareciste muy reservada, una cualidad que te acompañó toda tu vida y que siempre me ha parecido algo envidiable de tu forma de ser.
Al margen de las risas, las aventuras y todo lo que vivimos esos días conociendo varias ciudades de Reino Unido, me guardo en el corazón un montón de detalles, porque fueron los que nos permitieron conocernos y mantener una amistad de casi dos décadas.
Es precisamente recordando anécdotas de aquel viaje, cuando más te he visto reír. Después vinieron muchas fiestas, otros viajes -como la despedida de Mary- cenas, comidas, cumpleaños, rutas, momentos alegrías y penas.
El problema de cuando te haces mayor es que tienes que afrontar cosas que te hacen madurar de golpe. Aquí el mayor ejemplo nos lo diste tú, cuando te pusiste ese carácter y entereza por bandera y comenzaste tu dura batalla contra el cáncer. Esta etapa quiero olvidarla, pero me guardo también un montón de enseñanzas, porque ahí conocimos a la verdadera Silvia.
Ni una sola vez faltaste a tu cita, a tu hora, a ese detalle en cada momento importante de nuestras vidas, a pesar de lo que estabas pasando.Y me consta que tampoco desatendiste tu trabajo, o tus compromisos solidarios, muchos, que sabemos que tenías aunque muy poco hablabas de ellos.
Si tuviera que resumir los años que nos regalaste a tu lado, además de esa personalidad tan arrolladora como discreta, tendría que recurrir a tus pasiones, lógicamente reflejadas en tus últimas publicaciones en Facebook: los años de felicidad al lado de Javi y tu familia; el dépor de tu corazón; el Viva Galiza; las hogueras de San Juan en A Coruña; la lucha de las mujeres y la salsa, pero la de Marc Anthony. Tampoco me quiero olvidar de la cabalgata de Reyes, a la que eras fiel cada año desde la más tierna infancia.
Nuestra última noche de fiesta juntas fue en un concierto de Hombres G. Cena entre amigas, risas y buenos momentos, pero al final nos quedamos solas, bailando, no hacía falta decir nada porque hay momentos de la vida donde todo lo importante está dicho.
Lo hemos comentado cien veces, todos te recordamos, y lo haremos así para siempre, con esa preciosa sonrisa. Forza Silvia!
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lunes, 24 de diciembre de 2018
jueves, 9 de junio de 2016
Mariposas de colores
El lugar donde habitan las personas de poso que se van debe estar hoy de fiesta. La injusta realidad ha querido llevarse a otra voz amable, de esas que te calan por dentro y cuyo eco recuerdas aunque pasen cien años. Su experiencia me sirvió de guía, su optimismo de apoyo y la generosidad con la que regalaba sabios consejos a todo el mundo de punto de referencia.
Juan había recorrido gran parte del mundo. Pero no solo como turista, sino como peregrino de la vida, por su aficción a caminar y a escuchar a la gente, a tratar de comprender las culturas ajenas. Siempre he pensado que ese afán por entender otras mentalidades de otras latitudes era parte de su forma de ser. Y del mismo modo que había convivido con personas de todo el mundo él tenía también las puertas de su casa siempre abiertas para todos.
Nepal, Patagonia, Finlandia o Estambul. Hablaba con pasión de muchos destinos de los que ahora se me han venido a la cabeza éstos. En su día a día en Madrid también era un viajero incasable por la red de actos culturales y formativos, tenía interés por todo y ganas de participar en diferentes iniciativas, si eran solidarias o podían contribuir a mejorar un poco este mundo aún con más motivo.
Desde que le diagnosticaron aquel terrible cáncer y pusieron fecha de caducidad a su existencia supe que que aún nos dejaría unas cuantas enseñanzas más. La adaptación que hizo de su vida nómada, deportiva y muy activa a las cuatro paredes de su habitación, viendo el mundo por la ventana, durante los últimos meses, pero aceptando su nueva situación con la misma entereza y optimismo. "Me quedan las personas queridas y los gestos de cariño", me dijo entonces, reorientando de nuevo sus expectativas a la firme realidad.
Gran lector y constante estudiante de multitud de materias. Lo recuerdo siempre con algún libro en la mano y apuntándose a algún curso o actividad cultural. Amante del diseño moderno y en general de cualquier expresión artística. Hace tres o cuatro años vio unas mariposas de colores en el escaparate de una cadena de tiendas. Después de muchas vueltas consiguió algunas de ellas y las compartió conmigo. Desde entonces vuelan por las paredes de mi casa como tantos recuerdos y sabios consejos que me guardo de mi tío Juan.
Juan había recorrido gran parte del mundo. Pero no solo como turista, sino como peregrino de la vida, por su aficción a caminar y a escuchar a la gente, a tratar de comprender las culturas ajenas. Siempre he pensado que ese afán por entender otras mentalidades de otras latitudes era parte de su forma de ser. Y del mismo modo que había convivido con personas de todo el mundo él tenía también las puertas de su casa siempre abiertas para todos.Nepal, Patagonia, Finlandia o Estambul. Hablaba con pasión de muchos destinos de los que ahora se me han venido a la cabeza éstos. En su día a día en Madrid también era un viajero incasable por la red de actos culturales y formativos, tenía interés por todo y ganas de participar en diferentes iniciativas, si eran solidarias o podían contribuir a mejorar un poco este mundo aún con más motivo.
Desde que le diagnosticaron aquel terrible cáncer y pusieron fecha de caducidad a su existencia supe que que aún nos dejaría unas cuantas enseñanzas más. La adaptación que hizo de su vida nómada, deportiva y muy activa a las cuatro paredes de su habitación, viendo el mundo por la ventana, durante los últimos meses, pero aceptando su nueva situación con la misma entereza y optimismo. "Me quedan las personas queridas y los gestos de cariño", me dijo entonces, reorientando de nuevo sus expectativas a la firme realidad.
Gran lector y constante estudiante de multitud de materias. Lo recuerdo siempre con algún libro en la mano y apuntándose a algún curso o actividad cultural. Amante del diseño moderno y en general de cualquier expresión artística. Hace tres o cuatro años vio unas mariposas de colores en el escaparate de una cadena de tiendas. Después de muchas vueltas consiguió algunas de ellas y las compartió conmigo. Desde entonces vuelan por las paredes de mi casa como tantos recuerdos y sabios consejos que me guardo de mi tío Juan.
jueves, 3 de marzo de 2016
Febrero se llevó un ángel
La vida tiene sus contraindicaciones y muchas personas también. Por eso alguien dispuso hábilmente a una legión de ángeles entre nosotros. No son muchos ni suficientes teniendo en cuenta lo enorme que es la población mundial. También me atrevería a decir que por estas latitudes no abundan.
Los ángeles hablan bajito, y siempre después de escuchar. Cuando te miran lo hacen a los ojos, como escaneándote por dentro, y sabes que te respetan porque nunca te juzgan de antemano sino que comprenden que tienes razones, las que sean, para ser, actuar o pensar como lo haces.
Cuando tienes un problema, por mínimo que sea, los ángeles están ahí. Siempre hay una llamada, un mensaje o una caricia. Porque a los ángeles nunca se les pasa nada por alto. Están cuando tienen que estar y luego se apartan respetuosa y humildemente.
Los ángeles no piden nada a cambio. Ni se esfuerzan ni aman por recibir, porque ya se sienten satisfechos con lo que la vida les ha dado, sea un camino de rosas o de espinas. Los ángeles sonríen, siempre lo hacen, con una sonrisa amplia y sanadora. No tienen ideología, salvo la de creer en las personas y no hacer distinciones entre las buenas y las malas, ahí está su punto débil.
En todas las familias hay un ángel, y cuando se va deja huérfanos no solo a sus consanguíneos sino a cientos de otras personas a las que sonreían cada día en la tienda, en la iglesia, en el banco, en el portal, en el médico, en cualquier punto de la ciudad e incluso a miles de kilómetros. El que tenga un ángel que lo cuide, y el que no, que lo busque porque los ángeles brillan y son fáciles de encontrar.
* Delia de la Fuente Losada era nuestro ángel. Y voló al cielo el pasado 28 de febrero, muy tempranito, después de compartir sus 85 años con tantas y tantas personas.
Los ángeles hablan bajito, y siempre después de escuchar. Cuando te miran lo hacen a los ojos, como escaneándote por dentro, y sabes que te respetan porque nunca te juzgan de antemano sino que comprenden que tienes razones, las que sean, para ser, actuar o pensar como lo haces.
Cuando tienes un problema, por mínimo que sea, los ángeles están ahí. Siempre hay una llamada, un mensaje o una caricia. Porque a los ángeles nunca se les pasa nada por alto. Están cuando tienen que estar y luego se apartan respetuosa y humildemente.
Los ángeles no piden nada a cambio. Ni se esfuerzan ni aman por recibir, porque ya se sienten satisfechos con lo que la vida les ha dado, sea un camino de rosas o de espinas. Los ángeles sonríen, siempre lo hacen, con una sonrisa amplia y sanadora. No tienen ideología, salvo la de creer en las personas y no hacer distinciones entre las buenas y las malas, ahí está su punto débil.
En todas las familias hay un ángel, y cuando se va deja huérfanos no solo a sus consanguíneos sino a cientos de otras personas a las que sonreían cada día en la tienda, en la iglesia, en el banco, en el portal, en el médico, en cualquier punto de la ciudad e incluso a miles de kilómetros. El que tenga un ángel que lo cuide, y el que no, que lo busque porque los ángeles brillan y son fáciles de encontrar.
* Delia de la Fuente Losada era nuestro ángel. Y voló al cielo el pasado 28 de febrero, muy tempranito, después de compartir sus 85 años con tantas y tantas personas.
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